Día 11. Xi’an: Pagoda de la Oca Salvaje y llegada a Chengdu

11 02 2011

Este verano hará 2 años de nuestro viaje a China. Actualizo este diario de uvas a peras, pero me resisto a abandonarlo por completo. Las fotos y mi perezosa memoria aún me permiten rescatar lo más importante de cada día que vivimos allí, pero los detalles se van perdiendo por el camino y las crónicas cada vez son menos intensas.

Sea como fuere, volvamos al diario. Empezaba nuestro undécimo día en China y teníamos por delante una mañana en Xi’an y por la tarde un vuelo a Chengdu, ciudad que visitábamos con la clara intención de ver Osos Panda. La mañana, como casi siempre, se presentaba nublada. Aunque uno nunca sabía si eran nubes, niebla o pura contaminación. Decidimos acercarnos hasta la famosa Pagoda de la Oca Salvaje. Xi’an es una ciudad bastante grande (3,2 millones de habitantes… como casi todas las ciudades chinas jejej) y totalmente amurallada. La dichosa pagoda se encontraba a la otra punta de nuestro hotel, así que hicimos uso del abarrotado bus para llegar hasta allí. Los buses sulen costar 1Y ó 1,5Y… como los números son iguales para todos (afortunadamente) cuando te subes a un bus sólo tienes que buscar un numerito que te indique el precio o mostrarle monedas al conductor hasta que te diga que eso vale. El dinero se deja en una cajita y el conductor no está muy pendiente del asunto, así que con que varias monedas hagan ruido ya puedes pasar. Eso sí, nada de colarse. En un bus de Chengdu (en próximos capítulos) medio autobús se movilizó para que pagáramos cuando habíamos subido por una puerta trasera.

Xian. Pagoda del Ganso Salvaje

Xian. Pagoda de la Oca Salvaje

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