Día 2. Beijing: la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo

21 08 2009

Con la lección bien aprendida, después del famoso timo, decidimos volver al día siguiente a la Plaza Tian’anmen para visitar la Ciudad Prohibida. En un día habíamos pasado de inocentes y atontados guiris a turistas de nivel avanzado. Las pobres estudiantes chinas que se acercaban a nosotros hablando inglés, con la clara intención de pescar algo, quedaban asombradas ante mi despliegue de extravagancias. Curiosamente, mi rabia por lo ocurrido en la noche anterior no se reflejó en forma de bordería o maneras desagradables. Al contrario, con mi mejor sonrisa, cuando ellas me preguntaban de dónde éramos, yo les respondía cosas como “Culonga Butonga que Tumba que Ponga” y señalaba al sol con las dos manos al aire. Las incansables timadoras sonreían estupefactas y volvían a la carga con nuevas frases en inglés mientras Lupe se partía de risa. Al final, todas iban desistiendo por cansancio pero para mí, cada segundo que nos seguían para nada y cada cara de asombro que conseguía de ellas, era como una pequeña victoria… una manera de desquitarnos del mal sabor de boca.

Así, entre risas y tonterías, llegamos a la insufrible cola de la Ciudad Prohibida, donde no pudimos reirnos tanto. El gentío, en un 99,9% de origen chino, se agolpaba para conseguir entradas y el calor nos aplastaba sin piedad. Pero al fin, después de una hora de espera (o eso nos pareció), pudimos acceder a la famosa Forbidden City. Debo reconocer que mereció la pena, aunque conocimos a algunos viajeros durante el viaje a los que no les había entusiasmado especialmente. Por mi parte, recomiendo su visita a todos los que viajen a Pekín.

Puerta Tian'anmen con retrato de Mao

Puerta Tian'anmen con retrato de Mao

Construida a principios del s.XV, fue en su momento el Palacio Imperial de las distanías Ming y Qing. Con una extensión de 720.000 m2, 800 edificios y más de 9.000 habitaciones, es el conjunto palaciego más grande del mundo y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987. A nosotros nos impresionó por su gigantesca extensión y por la belleza de sus tejados. Al salir de allí, inmediatamente al norte, hay un parque (Jingshan Park) desde donde puede obtenerse una panorámica de todo el complejo. Es absolutamente recomendable hacer la subitida hasta la colina porque las vistas merecen la pena.

Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Lupe y Pruden en la Ciudad Prohibida

Lupe y Pruden en la Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Gentío en la Ciudad Prohibida

Canal rodeando la Ciudad Prohibida

Canal rodeando la Ciudad Prohibida

Vistas de la Ciudad Prohibida desde Jingshan Park

Vistas de la Ciudad Prohibida desde Jingshan Park

Después de caminar toda la mañana bajo el sol, se hacía imperativo comer en algún local con aire acondicionado, así que nos dirigimos a la calle de compras Wangfujing para buscar algún restaurante chino y estrenarnos por fin en la gastronomía local. En un grandioso centro comercial, que no tenía nada que envidiar a los nuestros, probamos por primera vez algunas de las delicias que nos acompañarían durante el resto del viaje. Como siempre, hubo cosas que nos gustaron mucho y otras que casi ni tocamos. Con 10€ nos pusimos las botas y, al final del viaje, descubrimos que ésta había sido la comida más cara que habíamos pagado (exceptuando un Pizza Hut del que ya hablaré). Los platos eran tan baratos que pedimos 4 por si no llenaban lo suficiente. Pero lo cierto es que con 2 ya hubiéramos tenido más que de sobra. Especialmente deliciosos estaban los dumplings, aunque también triunfaron los fideos fritos con verduras y pollo. Casi todo muy picante, por descontado, y totalmente diferente a los platos que vemos en nuestros restaurantes chinos.

Pruden, la comida china y los palillos

Pruden, la comida china y los palillos

Policía en Wanfujing

Policía en Wanfujing Street

Wangfujing Street

Wangfujing Street

El tiempo se había echado encima cuando llegamos a la segunda visita “programada” para aquel día: el Templo del Cielo. Afortunadamente los horarios no se respetaron demasiado y, aunque entramos a 5 minutos del cierre del templo, pudimos disfrutar la visita durante más de media hora. Suficiente para ver un templo precioso y totalmente recomendable, pero que no deja de ser un coqueto cilindro con tejado clásico y adornos muy coloridos. También fue construido a principios del s.XV y las dinastías Ming y Qing lo utilizaron para rogar y dar las gracias por las cosechas. Con la visita a este templo, que también es Patrimonio de la Humanidad, concluimos nuestro plan diario. Las noches solíamos ocuparlas en el lobby del hostel, donde había buen ambiente, internet y comida occidental (no todo iban a ser chinos).

Templo del Cielo

Templo del Cielo

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