Día 3. Beijing: Templo de los Lamas y Templo de Confucio

31 08 2009

Tercer día en Beijing y, como siempre, amanecemos bajo un aplastante sol. Por otra parte, las diversas capas de contaminación, que le dan a la ciudad un tono amarillento o grisáceo según el día, nos dejan mirar directamente al sol (cosa no muy recomendable, por cierto). No apetece moverse, no apetece sudar, pero somos turistas y “hay que ver cosas”, así que nos dirigimos esta vez a la parada de metro de Yonghehong, desde donde tendremos a tiro el Templo de los Lamas y el Templo de Confucio.

En el Templo de los Lamas tenemos nuestro primer contacto con el budismo. Este templo (en realidad “conjunto de templos”), con sus bonitos tejados, sus pilas para quemar incienso y su buda Maitreya de 17 metros de alto, está considerado como el templo budista más prestigioso fuera del Tíbet, así que su visita merece la pena si no vas a estar allí y si no llegas a Beijing después de haber visitado otros templos budistas por el país (porque, al fin y al cabo, no te aportarán nada nuevo salvo que seas un fanático de los templos budistas). Durante la visita nos acoplamos un par de veces a un grupo de turistas españoles que están visitando el lugar. Se agradece, sobre todo, escuchar a alguien que habla tu idioma. Más allá de eso, la visita resulta relajada por el silencio y la calma que se respira en el complejo. Ideal para desconectar de la ciudad y una buena forma de adentrarse en esta religión.

Templo de los Lamas en Beijing

Templo de los Lamas en Beijing

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Día 2. Beijing: la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo

21 08 2009

Con la lección bien aprendida, después del famoso timo, decidimos volver al día siguiente a la Plaza Tian’anmen para visitar la Ciudad Prohibida. En un día habíamos pasado de inocentes y atontados guiris a turistas de nivel avanzado. Las pobres estudiantes chinas que se acercaban a nosotros hablando inglés, con la clara intención de pescar algo, quedaban asombradas ante mi despliegue de extravagancias. Curiosamente, mi rabia por lo ocurrido en la noche anterior no se reflejó en forma de bordería o maneras desagradables. Al contrario, con mi mejor sonrisa, cuando ellas me preguntaban de dónde éramos, yo les respondía cosas como “Culonga Butonga que Tumba que Ponga” y señalaba al sol con las dos manos al aire. Las incansables timadoras sonreían estupefactas y volvían a la carga con nuevas frases en inglés mientras Lupe se partía de risa. Al final, todas iban desistiendo por cansancio pero para mí, cada segundo que nos seguían para nada y cada cara de asombro que conseguía de ellas, era como una pequeña victoria… una manera de desquitarnos del mal sabor de boca.

Así, entre risas y tonterías, llegamos a la insufrible cola de la Ciudad Prohibida, donde no pudimos reirnos tanto. El gentío, en un 99,9% de origen chino, se agolpaba para conseguir entradas y el calor nos aplastaba sin piedad. Pero al fin, después de una hora de espera (o eso nos pareció), pudimos acceder a la famosa Forbidden City. Debo reconocer que mereció la pena, aunque conocimos a algunos viajeros durante el viaje a los que no les había entusiasmado especialmente. Por mi parte, recomiendo su visita a todos los que viajen a Pekín.

Puerta Tian'anmen con retrato de Mao

Puerta Tian'anmen con retrato de Mao

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Día 1. Beijing: la primera en la frente

18 08 2009

El 18 de julio de 2009 era el Gran Día. El día en que nuestros occidantales pies se iban a posar, por primera vez, en tierras orientales. China dejaba de ser un sueño, una guía o un documental. Iba a convertirse, por fin, en algo real. Pero el viaje había empezado un par de días antes…

Amsterdam, donde habíamos pasado un día entero y una noche, fue la ciudad que actuó como lanzadera hacia Beijing (Pekín), donde llegaríamos después de coger dos vuelos de Aeroflot Russian Airlines y hacer una escala de 4 horas en Moscú. Más de 16 horas de viaje en total. Me reservo las aventuras y desventuras con Aeroflot para otro post.

El caso es que después de recorrer tantos kilómetros y saltar tantas zonas horarias, allí estábamos por fin, en el Beijing Capital Airport, donde nos esperaban tres controles diferentes y sus correspondientes colas antes de salir al exterior. A las habituales inspecciones de pasaportes, se habían unido los controles médicos masivos por la Gripe A, así que tardamos un rato en encontrarnos con el aplastante calor de China. Después de preguntar a dos o tres empleados de la compañía de autobuses, conseguimos encontrar el bus que nos llevaría al Sanlitun Youth Hostel (nuestro “albergue”).

Controles en el aeropuerto de Beijing

Controles en el aeropuerto de Beijing

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Adiós a China

13 08 2009

Se acabó. China ha quedado atrás. Han sido 27 días tan intensos como fugaces. El tiempo pasa rápido y ya estamos otra vez en Europa. Escribimos desde el aeropuerto de Moscú, donde hace casi un mes esperábamos nuestro vuelo a Beijing. Ahora esperamos un vuelo a Amsterdam. Y en dos días estaremos en Barcelona. La vida volverá a su cauce, pero en el recuerdo quedan muchas imágenes…

Lupe en la Gran Muralla (Badaling)

Lupe en la Gran Muralla (Badaling)

Cría de Oso Panda Gigante (Chengdu)

Cría de Oso Panda Gigante (Chengdu)

Río Li y paisaje kárstico (Yangshuo)

Río Li y paisaje kárstico (Yangshuo)

Lupe y Pruden en la Ciudad Prohibida (Pekín)

Lupe y Pruden en la Ciudad Prohibida (Pekín)

Para los que pueda interesarle, aquí no acaba el blog. Se podría decir que empieza aquí. Debido a las restricciones con los blogs en China y los problemas de lentitud con los programas que ayudan a evitar esas restricciones, apenas hemos podido actualizar el blog. No obstante, en el futuro esperamos rellenarlo con fotos y detalles sobre el viaje. Esperamos que os guste y que pueda ser de utilidad para aquellos que desean emprender un viaje a China.





17 días en China

3 08 2009

Ya llevamos aquí más de dos semanas. Eso quiere decir que sólo nos quedan 10 días por estas tierras. O, depende como se mire, aún nos quedan 10 días. Un viaje tan largo tiene sus momentos buenos y sus momentos no tan buenos. A menudo echamos de menos el hogar, a los amigos, a la familia, a la tortilla de patatas, a las bravas, a las terracitas y un largo etcétera de cosas que aquí no tenemos. Claro que allí no tenemos una Gran Muralla, ositos panda y otras grandezas que nos llevaremos de recuerdo. En fin, que estamos bien, pero como en casa en ninguna parte.

Aún no podemos hacer balance de lo que supondrá este viaje, pero ya hemos dejado atrás unas cuantas aventuras. El primer día, recién llegados a Beijing (Pekín), fuimos timados (mea culpa) por unas estudiantes chinas que nos llevaron a tomar un té de lujo. Y cuando digo de lujo me refiero al precio que pagamos por él. Es un timo muy frecuente en Beijing y lo curioso es que ¡ya estábamos advertidos! En nuestra guía de China hacían referencia a ello y también un cartel en nuestro hostel lo recordaba con letras grandes. En fin, las chicas se nos acercaron hablando inglés y muy amablemente se ofrecieron a tomar algo con nosotros. Yo no entendí que aquello fuera el timo y, de todos modos, las advertencias se referían sobre todo a estudiantes de arte que te enseñaban una galería y te hacían de guía para que luego les pagaras. Esta modalidad consiste en llevarte a una casa de té con la que están compinchadas para clavarte una factura de escándalo.

Afortunadamente, dentro de lo malo, reaccionamos lo mejor que pudimos y al ver la cuenta (mucho antes de verla, mientras nos daban té y agradable charla, ya sabíamos seguro que era un timo) dijimos que no teníamos más que 100 yuanes (unos 10€). La cuenta ascendía a 640 yuanes (64€) para nosotros y otros tantos para ellas (lógicamente, ellas no tenían más que hacer el numerito). Después de poner mil escusas y hacer ver que lo sentíamos mucho, acabaron por aceptar 170 yuanes y ellas pusieron el resto (o sea, nada). En fin, 6 tacitas de té nos salieron por 17€ pero podía haber sido mucho peor.

Con esta bienvenida os podéis imaginar que los primeros días no fueron del todo alegres. Salíamos a la calle con la sensación de que todo el mundo quería timarnos. Y lo cierto es que en el centro de Beijing y otros lugares turísticos, igual que en Barcelona supongo, siempre intentan colártela. Eso sí, ahora somos expertos en rechazarlo todo.

De Beijing, donde estuvimos 6 días, nos llevamos ese mediocre recuerdo pero también otros más alegres: la impresionante Gran Muralla, la majestuosa Ciudad Prohibida, el coqueto Templo del Cielo, el agradable Palacio de Verano (donde conocimos a una pareja de catalanes que también iban por libre), el regateo en el Mercado de la Perla

Desde entonces hemos pasado por Luoyang (donde vimos unas grutas que son Patrimonio de la Humanidad), Xian (con su archiconocido ejército de Guerreros de Terracota), Chengdu (con sus deliciosos ositos panda) y Guangzhou, más conocida en occidente como Cantón (una ciudad bajo la influencia de la vecina Hong Kong, donde hemos vuelto a ver pedacitos de nuestra cultura: rascacielos, árboles en las calles, tráfico controlado… y hasta ¡algún lugar para comer pizza!). Esta noche partimos hacia las cercanías de Guilin (ciudad incluida en todos los tours por China), concretamente a Yangshuo, donde esperamos ver un bonito paisaje y algunas actividades tradicionales como la pesca con cormoranes (unas aves que se lanzan a pescar al río para llevarles luego el pez a los pescadores… eso sí, obligadas por una cuerda que no les deja tragar). Por cierto, el viaje será en un bus con camas. ¿Cómo será eso?